número 82 / noviembre 2025

Enfoques y acciones de mediación

Hipótesis en acción: fundamentos

Antonio Tula

Biodata

Antonio Tula
Abogado y mediador, posee un Magíster en Psicoterapia Sistémica (Univ. del Aconcagua) y un Executive Master en Mediación y Negociación (Institut Kurt Bösch, Suiza). Diplomado en Gerenciamiento Estratégico (TEC de Monterrey) y capacitado en el Harvard Negotiation Project, en la Universidad de Harvard. Profesor y conferencista en universidades de América y Europa. Autor de Argumentos Teóricos y Prácticos de la Mediación y Enfoques de la Mediación Sistémica.

Resumen

El artículo analiza la hipótesis en mediación como herramienta flexible, relacional y ética para comprender y transformar conflictos. A diferencia de juicios o diagnósticos, es una construcción provisional que orienta preguntas, metáforas y legitimaciones, evaluada por su utilidad y resonancia en las partes. Integra marcos del constructivismo, teoría del observador, narrativa, comunicación humana, sistemas y complejidad, reconociendo la subjetividad del mediador. Distingue el uso de hipótesis en mediación y terapia, y detalla herramientas interrogativas y afirmativas que permiten explorar, ajustar o abandonar hipótesis. Se subraya que su valor radica en generar apertura, resignificación y avance en el proceso.

Texto

 

Introducción

La mediación, como espacio de diálogo y transformación del conflicto, requiere del mediador una actitud reflexiva, estratégica y profundamente ética. Entre las herramientas que articulan esa práctica se encuentra la hipótesis de trabajo: una construcción provisional, flexible y situada, que permite al mediador comprender lo que ocurre entre las partes sin caer en juicios o diagnósticos cerrados.

A diferencia de otros enfoques profesionales que operan desde certezas, categorías o modelos clínicos, la mediación trabaja con el lenguaje, la relación y el sentido. En ese campo, la hipótesis no pretende imponer una lectura, sino abrir caminos: orientar la escucha, guiar la formulación de preguntas, facilitar el uso de metáforas o legitimar emociones y vínculos. Es, en definitiva, una herramienta viva que se construye y reconstruye al ritmo de la interacción.

Este trabajo propone un análisis profundo y multidisciplinario del concepto de hipótesis en mediación. Recorre sus raíces filosóficas desde Sócrates hasta el pensamiento contemporáneo, integrando los aportes de la fenomenología, el constructivismo, la teoría de sistemas, la comunicación humana, la complejidad y la narrativa. También distingue la mirada del mediador de la del terapeuta, subrayando el carácter relacional, no intrusivo y ético de su intervención.

Asimismo, se describen las herramientas interrogativas y afirmativas que permiten al mediador explorar, contrastar o abandonar hipótesis, en función de la resonancia que generan en las partes. Se sostiene que una hipótesis es válida no por su lógica interna, sino por su utilidad práctica: por su capacidad de generar apertura, resignificación y avance en el proceso.

Este ensayo busca ofrecer al lector —ya sea mediador en formación o en ejercicio— una mirada rigurosa, sensible y creativa sobre el uso de la hipótesis. Una mirada que lo invite a pensar sin rigidez, a intervenir sin imponer, y a trabajar con el conflicto desde una posición ética, situada y colaborativa.

 

Desarrollo

1. La hipótesis en la mediación: una herramienta de construcción y transformación del conflicto

La hipótesis en mediación no es una certeza ni un juicio definitivo. Es una herramienta de exploración, un modo tentativo de comprender lo que está ocurriendo entre las partes. Cuando el mediador formula una hipótesis, está elaborando una interpretación posible del conflicto, una pista que le permite elegir preguntas, observar relaciones, sugerir connotaciones o invitar a nuevos relatos. Es una forma de iluminar, sin dogmatismo, los caminos posibles del entendimiento.

La hipótesis permite al mediador orientarse en la complejidad del conflicto sin apresurar conclusiones. En lugar de diagnosticar o atribuir causas, se exploran significados, relaciones, vínculos y emociones.

Una hipótesis mediadora es una "mirada en construcción". Surge del contacto con las narrativas, emociones, silencios y formas de comunicación de las partes. No es estática, sino dinámica: se elabora, se contrasta, se modifica. Es la manera en que el mediador intenta organizar su comprensión de lo que está ocurriendo y de lo que puede estar subyacente. La hipótesis es un gesto profesional que sustituye a la opinión personal, al prejuicio o a la necesidad de resolver rápido el conflicto. Le permite al mediador operar desde una actitud de respeto y apertura.

No se trata de comprobar la hipótesis como quien verifica una verdad absoluta. Al contrario, la hipótesis se pone al servicio del proceso: se explora con las partes, se somete a prueba con preguntas, se matiza, se refuerza o se abandona si deja de ser útil. Esta actitud de apertura, de "curiosidad comprometida", se fundamenta en diversos marcos teóricos y disciplinas que convergen en enriquecer la mirada mediadora.


¿Cuándo una hipótesis tiene efecto en mediación?

Podemos sostener que una hipótesis adquiere eficacia en el proceso de mediación cuando la herramienta comunicacional que se deriva de ella (pregunta, metáfora, reformulación, etcétera) produce un movimiento en las partes: un cambio de perspectiva, una reflexión nueva, una resignificación, una pausa emocional o incluso una apertura mínima.

Dicho de otro modo: no es la hipótesis en sí misma la que transforma, sino su traducción efectiva en la interacción.

Ese efecto puede tomar distintas formas: una emoción que aflora, una narrativa que se abre, una defensa que baja, una afirmación que se complejiza. En esos momentos, el mediador observa que la intervención “tocó algo”, que “hizo eco”. Es allí donde la hipótesis, como herramienta silenciosa, muestra su potencia.

 

¿Qué sucede cuando una hipótesis se insiste pese al retraimiento de las partes?

Cuando el mediador insiste en su hipótesis a pesar de que la parte no responde, se retrae, niega o se incomoda, puede incurrir —inadvertidamente— en imponer su visión del conflicto. Esto transforma la hipótesis en una forma encubierta de juicio. Ya no es exploración abierta, sino “certeza disfrazada” que busca confirmación, incluso a costa del cierre relacional.

Una hipótesis sin respuesta puede ser reformulada, suspendida o abandonada, pero no forzada.

Desde la perspectiva de la comunicación humana, todo mensaje tiene un contenido y una relación. Insistir en una hipótesis desajustada puede deteriorar la relación mediador-parte, minar la confianza y desplazar el foco desde la co-construcción hacia el control.

 

2. Implicancias para la práctica del mediador

2.1. Escuchar el eco de la intervención

Si la herramienta aplicada no genera efecto, el mediador puede preguntarse:

  • ¿Es esta hipótesis oportuna para este momento del proceso?
  • ¿Estoy respondiendo a mi necesidad de comprensión o al proceso real de la parte?

 

2.2. Respetar el silencio o el cierre

El retraimiento puede ser un límite relacional o una resistencia protectora. Es fundamental que el mediador lo lea como un dato, no como una falla.

 

2.3. Reformular o soltar la hipótesis

Una hipótesis no es un dogma. Si no es útil, se deja ir. Puede volver en otro momento con otra forma, o simplemente ceder lugar a otra hipótesis más conectada con el proceso.

 

Conclusión

La hipótesis tiene efecto cuando la herramienta derivada genera resonancia en las partes. Insistir en ella cuando esa resonancia no ocurre puede convertirse en una forma sutil de imposición, contraria a los principios éticos y relacionales de la mediación.

Por eso, el mediador trabaja con hipótesis como se trabaja con velas en la niebla: iluminando con cuidado, atentos al viento y dispuestos a apagar la llama si el camino lo exige.

 

3. Marcos teóricos y disciplinas que convergen en enriquecer la mirada mediadora

3.1. La hipótesis desde la teoría de la investigación

En las ciencias de la investigación, una hipótesis es una suposición que debe ser verificada o refutada. Se formula como respuesta tentativa a una pregunta de investigación y se comprueba mediante métodos empíricos, como experimentos o análisis estadísticos. Esta perspectiva se basa en una lógica causal: se busca establecer relaciones de causa y efecto entre variables observables y mensurables.

Este enfoque responde a una epistemología objetivista, donde el investigador se posiciona fuera del objeto de estudio y asume que puede observar los hechos sin ser parte de ellos. Esta mirada, llamada por Humberto Maturana “observación sin paréntesis”, presupone que el observador accede a una realidad objetiva e independiente de su intervención.

En cambio, en mediación trabajamos en un campo relacional, subjetivo, simbólico. El mediador no es un observador externo, sino parte del sistema que ayuda a transformar. Por eso, la hipótesis no se verifica en términos de verdad o falsedad, sino en función de su utilidad comunicativa y su capacidad para generar apertura narrativa, emocional o relacional. Es una herramienta en proceso que se formula, se prueba con intervenciones y se modifica según el eco que genera en las partes.

Maturana propone la “observación entre paréntesis”: una mirada en la que el observador se incluye a sí mismo en el acto de observar. Esto se vincula con las epistemologías post-objetivistas, que entienden que todo conocimiento está situado, que el observador transforma el sistema que observa y que la realidad no se descubre, sino que se co-construye. Así, la hipótesis en mediación es una construcción que surge del diálogo, de la interacción, y no de la comprobación externa de hechos.

Finalmente, desde la teoría de la comunicación circular y la cibernética de segundo orden, se reconoce que las relaciones humanas no siguen cadenas lineales de causa-efecto, sino circuitos de retroalimentación. La hipótesis debe entonces leerse como una forma de interpretar patrones recursivos, no como una forma de explicar hechos pasados de manera determinista. Esto permite al mediador moverse con flexibilidad, evitando encerrarse en explicaciones unívocas y manteniéndose disponible para lo emergente.

 

 

 

3.2. La hipótesis desde la psicología

Desde la psicología cognitiva, se entiende que las personas organizan su experiencia a través de esquemas mentales. Estos esquemas son estructuras que permiten anticipar situaciones, clasificar información y darle sentido a lo que ocurre. El mediador, al escuchar a las partes, va construyendo esquemas tentativos sobre el conflicto. Es decir, formula hipótesis que lo guían en su escucha, en la formulación de preguntas, en la identificación de patrones y en la lectura emocional del proceso.

Desde la psicología sistémica, se sostiene que toda intervención ocurre dentro de un sistema relacional, donde el terapeuta o mediador no puede considerarse un observador externo. Toda intervención afecta el sistema y, por tanto, la hipótesis debe formularse desde una actitud de observación participante. Las hipótesis no son neutrales ni fijas; deben revisarse permanentemente en función de las respuestas de los actores del sistema.

 

Diferenciación de roles: psicólogo versus mediador

Aunque tanto el psicólogo como el mediador utilizan hipótesis para orientar su intervención, existen diferencias sustanciales en el sentido, la finalidad y el uso de estas herramientas en cada disciplina.

- El psicólogo clínico o terapeuta formula hipótesis para comprender los mecanismos internos del sujeto o de las relaciones vinculares, con el objetivo de diagnosticar, intervenir o facilitar procesos de cambio subjetivo profundo. La hipótesis puede guiar la elección de técnicas terapéuticas o intervenciones interpretativas. En muchos casos, se sostiene en el tiempo y busca contrastación a través de la evolución del proceso clínico.

- El mediador, en cambio, interpreta subjetivamente sin incursionar en la estructura psíquica del otro. Sus hipótesis son relacionales, contextuales, ligadas a la dinámica del conflicto. Se formulan como herramientas provisorias que orientan la intervención comunicacional y se abandonan si no generan resonancia o apertura. El mediador no diagnostica; su función es facilitar el diálogo y la construcción de acuerdos mediante preguntas, reformulaciones y legitimaciones sin invadir el espacio íntimo de las partes.

3.3. La hipótesis desde la sociología

La sociología del interaccionismo simbólico propone que la realidad no es objetiva, sino que se construye a través de las interacciones. Lo que las personas creen que ocurre, y el significado que le atribuyen a sus experiencias, se forma en el diálogo social. La acción humana no responde únicamente a estímulos externos, sino a interpretaciones que los sujetos construyen con base en sus relaciones, roles y símbolos compartidos.

Desde esta perspectiva, la hipótesis del mediador no busca encontrar “qué pasó realmente”, sino entender cómo las partes construyen su verdad. Es una lectura de los significados sociales y culturales que circulan en el conflicto. Esta lectura le permite al mediador intervenir con respeto, prudencia y eficacia, proponiendo nuevas formas de entendimiento sin imponer un relato único ni autorreferencial.

 

Constructivismo social e individual: un puente hacia las narrativas

El constructivismo social plantea que el conocimiento y la realidad se generan a través de la interacción con otros en contextos sociales. Autores como Vygotsky o Berger y Luckmann sostienen que las instituciones, los roles y los sentidos se construyen socialmente, es decir, se negocian colectivamente y se reproducen a través del lenguaje, la educación, las normas culturales. En mediación, esta visión permite comprender que las posiciones y discursos de las partes están influenciados por su historia, su grupo de pertenencia, sus mandatos familiares, su contexto cultural.

El constructivismo individual —asociado a autores como Piaget— se enfoca en cómo cada persona organiza su experiencia y conocimiento a partir de esquemas mentales y procesos cognitivos internos, en interacción con un entorno social que estimula y desafía su desarrollo. En mediación, esta mirada reconoce la unicidad con la que cada parte da sentido al conflicto, influida tanto por sus vivencias como por los intercambios con su contexto cercano.

Final del formulario

Ambos enfoques —el social y el individual— se integran en el campo narrativo: las personas no solo piensan el conflicto, sino que lo cuentan. Y lo hacen desde una perspectiva que combina estructura cultural y experiencia personal. El mediador trabaja, entonces, con relatos que son a la vez individuales y socialmente construidos. Cada hipótesis que formula debe considerar esta doble raíz: lo que emerge del sujeto y lo que ha sido sedimentado por lo social.

 

La subjetividad del mediador en la construcción de hipótesis

El mediador no es un observador neutro ni transparente. También él está atravesado por su subjetividad individual y social. Sus hipótesis surgen de su historia, su formación, sus valores, sus propias narrativas. Por eso, cada hipótesis que formula es también una construcción situada: responde tanto a lo que escucha como a cómo lo escucha. El reconocimiento de esta subjetividad no debilita la intervención mediadora, sino que la vuelve más ética, responsable y reflexiva. El mediador construye junto a las partes, pero también se construye a sí mismo en el proceso.

 

4. Relación de la hipótesis con los marcos epistemológicos de la mediación

La hipótesis en mediación no es un acto aislado o meramente técnico. Se fundamenta en una concepción profunda sobre el conocimiento, la realidad, la relación con el otro y el rol del observador. Esta concepción se articula con una serie de marcos epistemológicos que brindan soporte teórico y ético a la práctica mediadora. Cada marco ofrece una lente particular para comprender el conflicto y para construir hipótesis que sean útiles, respetuosas y transformadoras.

 

4.1. Constructivismo: el conocimiento como construcción compartida

El constructivismo sostiene que el conocimiento no es un reflejo de una realidad objetiva, sino una construcción que cada sujeto realiza a partir de su experiencia, su lenguaje y sus interacciones. En palabras de Ernst von Glasersfeld, “el conocimiento es una invención, no un descubrimiento”.

En mediación, esto significa que el conflicto no tiene una verdad única que deba descubrirse, sino múltiples realidades subjetivas que deben ser escuchadas y articuladas. Las hipótesis, entonces, no se formulan como afirmaciones absolutas, sino como propuestas de sentido que el mediador construye desde la interacción con las partes.

? Las hipótesis constructivistas son abiertas, provisorias y susceptibles de revisión. Tienen valor si ayudan a las partes a comprenderse mejor, no si se “verifican” como verdaderas.

 

4.2. Teoría del observador: el mediador como parte del sistema

Desarrollada por Humberto Maturana y Francisco Varela en el marco de la biología del conocer, esta teoría sostiene que todo conocimiento está condicionado por el observador que lo formula. No hay observación “objetiva”: cada uno ve el mundo desde su historia, su biología, sus emociones, su lenguaje.

En mediación, esto implica que el mediador no es un agente externo y neutro, sino que participa activamente en la construcción del proceso. Sus hipótesis están atravesadas por sus propios filtros, sus valores, su escucha.

? Una hipótesis responsable es aquella que reconoce su carácter situado, y se formula con conciencia reflexiva sobre el lugar desde el cual se piensa.

 

4.3. Teoría narrativa: las personas como autoras de su experiencia

Desde la perspectiva narrativa (Michael White, David Epston, Jerome Bruner), las personas comprenden su vida como una historia. Lo que somos no está dado de una vez y para siempre, sino que se organiza en narraciones que podemos revisar, ampliar, resignificar.

Los conflictos se enmarcan muchas veces en relatos dominantes rígidos, que definen roles, responsabilidades, sentidos fijos. La mediación busca abrir la posibilidad de otras versiones del relato, más ricas, más esperanzadoras.

 Las hipótesis narrativas permiten identificar los hilos que sostienen una historia limitada, e invitan a reescribirla. Son un modo de iluminar zonas oscuras del relato o de recuperar aspectos olvidados.

 

4.4. Comunicación humana: contenido y relación

Desde la Escuela de Palo Alto (Paul Watzlawick, Don Jackson, Janet Beavin), se propone que todo acto de comunicación transmite un contenido (lo que se dice) y una relación (cómo se dice y cómo se vinculan los interlocutores).

El conflicto, muchas veces, no está en el contenido explícito, sino en el nivel relacional. Las hipótesis mediadoras que se inspiran en esta mirada atienden no solo a las palabras, sino a los gestos, silencios, repeticiones, tonos, contradicciones.

Formular una hipótesis desde esta teoría permite comprender cómo se vinculan las partes, qué patrones relacionales están activos, y cómo intervenir para desactivarlos o transformarlos.

 

4.5. Teoría de sistemas: el todo es más que la suma de las partes

Propuesta por Ludwig von Bertalanffy y aplicada a las ciencias humanas por Salvador Minuchin, esta teoría sostiene que los fenómenos sociales deben analizarse como sistemas interrelacionados, no como conductas individuales aisladas.

En mediación, esto significa que el conflicto no es una suma de acciones o errores individuales, sino la expresión de patrones relacionales repetitivos, que cumplen funciones dentro del sistema.

?Las hipótesis sistémicas apuntan a identificar subsistemas, alianzas, jerarquías, lealtades invisibles. Permiten ver el conflicto no como problema a eliminar, sino como síntoma de un sistema que necesita reorganizarse.

 

4.6. Teoría de la complejidad: habitar la incertidumbre

Desde el pensamiento complejo de Edgar Morin, se plantea que la realidad no es lineal ni simple, sino multidimensional, interconectada y en constante cambio. La complejidad no se resuelve con explicaciones únicas, sino con una mirada flexible, crítica y creativa.

En mediación, la hipótesis no puede ser rígida ni pretender totalizar. Debe ser una herramienta que navegue la ambigüedad, que permita habitar lo no dicho, lo contradictorio, lo paradojal.

Una hipótesis compleja no busca encajar los hechos en un esquema cerrado, sino abrir posibilidades, aceptar lo emergente y proponer intervenciones que abracen la incertidumbre como parte del proceso.

 

Conclusión

Los marcos epistemológicos brindan al mediador un fundamento profundo y ético para la formulación de hipótesis. Le recuerdan que:

  • No conoce “la verdad” del conflicto, sino una versión situada.
  • No interpreta desde afuera, sino desde su lugar en el sistema.
  • No impone lecturas, sino que invita al diálogo y a la co-construcción de sentido.
  • Su herramienta no es el juicio, sino la pregunta, la observación y la sensibilidad.

 

Formular una hipótesis es un acto epistemológico y ético: un modo de pensar con otros, no sobre otros.

 

5. Relación entre hipótesis y herramientas del mediador

La hipótesis en mediación no tiene valor por sí misma si no se articula con las herramientas comunicacionales que permiten explorarla, testearla y ajustarla. Estas herramientas son tanto interrogativas como afirmativas y funcionan como puentes entre la comprensión del mediador y la experiencia de las partes. Es en su uso que la hipótesis se pone en juego, se valida o se transforma.

 

5.1. Herramientas interrogativas: explorar para comprender

Las herramientas interrogativas permiten al mediador abrir el campo del diálogo, explorar sentidos ocultos y contrastar sus hipótesis de forma indirecta y respetuosa. Estas preguntas no son neutras: siempre portan una hipótesis implícita que se pone a prueba a través de la interacción.

 

• Preguntas circulares
Inspiradas en la terapia sistémica, estas preguntas ayudan a mirar desde el lugar del otro, desde otro lugar o desde otro tiempo. Permiten explorar cómo cada integrante del sistema percibe las relaciones y conductas ajenas, como así también la influencia del contexto o el tiempo. 

Ejemplo: “¿Cómo cree usted que su hijo interpreta lo que está pasando entre ustedes dos?” ? Hipótesis implícita: el hijo está siendo afectado emocionalmente por el conflicto entre los progenitores.

 

• Preguntas reflexivas
Apuntan a que la persona reflexione sobre los efectos de sus actos, los valores que los sostienen y el sentido profundo de sus posiciones.

Ejemplo: "¿Qué espera que cambie si mantiene esta forma de responderle a su hermano?" ? Hipótesis: existe un patrón de interacción disfuncional que se sostiene por automatismos no cuestionados.

 

• Preguntas hipotéticas
Introducen escenarios alternativos, reales o imaginarios, que ayudan a flexibilizar el pensamiento rígido o binario.

Ejemplo: "Y si él aceptara esa propuesta, ¿qué cambiaría para usted?" ? Hipótesis: hay un deseo de acuerdo encubierto que no logra emerger.

 

• Preguntas protagónicas
Buscan activar la responsabilidad y protagonismo de la persona, enfocándola en lo que puede hacer más allá de lo que hace el otro.

Ejemplo: "¿Qué estaría dispuesto usted a modificar para mejorar el vínculo con su hija?" ? Hipótesis: la persona se ha posicionado en el lugar de víctima sin reconocer su capacidad de acción.

 

5.2. Herramientas afirmativas: consolidar y resignificar

Las herramientas afirmativas permiten al mediador devolver, reorganizar o reforzar los contenidos que surgen en la mediación. Lejos de ser meros reflejos, estas herramientas apoyan hipótesis y colaboran en la transformación del discurso.

• Parafraseo
Consiste en repetir con otras palabras lo que la parte ha dicho, para confirmar sentido y mostrar escucha activa.

Ejemplo: "Lo que entiendo es que se sintió excluida cuando no fue informada del viaje. ¿Es así?" ? Hipótesis: la exclusión no es solo logística, sino emocional.

 

• Reformulación
Va más allá del parafraseo: reorganiza la expresión de la parte, quitando carga emocional o resignificándola.

Ejemplo: De "él nunca cumple" a "usted espera que haya mayor constancia de su parte". ? Hipótesis: la frustración se origina en una expectativa reiteradamente insatisfecha.

 

• Metáfora
Permite condensar situaciones complejas en imágenes simbólicas accesibles y emocionalmente resonantes.

Ejemplo: "Esto parece una partida de ajedrez donde cada uno espera el error del otro para atacar". ? Hipótesis: la dinámica actual se basa en la defensa y la espera, no en la cooperación.

 

• Legitimación relacional
Reconoce aspectos positivos del otro, aunque no hayan sido nombrados, para sostener hipótesis de potencial vínculo y respeto mutuo.

Ejemplo: "A pesar de las diferencias, noto que a ambos les preocupa profundamente el bienestar de sus hijos". ? Hipótesis: existe un terreno común desde donde construir acuerdos.

 

Conclusión

La hipótesis en mediación no opera en el vacío: se encarna en cada herramienta utilizada. Las preguntas no son neutras, las metáforas no son casuales, las reformulaciones no son inocentes. Todas ellas son expresiones estratégicas de una comprensión que el mediador va construyendo y testeando junto a las partes.

Las herramientas son los brazos de la hipótesis: con ellas se toca, se explora y se transforma el conflicto.

Un mediador sensible, creativo y ético sabe cuándo intervenir, con qué herramienta, y desde qué hipótesis. Y también cuándo callar, esperar o dejar que otra hipótesis emerja desde las propias voces de las partes.

La hipótesis en mediación es una herramienta fundamental para intervenir con sensibilidad, estrategia y respeto. En lugar de apresurar juicios, invita a explorar sentidos, construir nuevas narrativas y facilitar el diálogo. Comprenderla desde una mirada multidisciplinaria permite al mediador actuar con mayor conciencia, creatividad y profundidad en escenarios de alta complejidad.

 

 

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